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	<title>El Blog de Adalmed &#187; TCA</title>
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		<title>La batalla contra las princesas</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jan 2015 08:12:33 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>«Nadie dijo que fuera fácil llegar a ser princesa»</p>
<p>Si tecleas esta frase en un buscador en internet, inmediatamente salen miles de resultados entre imágenes, noticias, blogs, canales de videos&#8230; etc. que nada tienen que ver con la pertenencia a la aristocracia o poseer sangre azul. Te llevan a un universo mucho más perverso y oscuro, no apto para todos los públicos sin lugar a dudas. Allí gobiernan Ana y Mía. Ellas no son princesas. Son unas tiranas de la peor calaña. De las que disfrutan subyugando al mundo. Son <strong>personificaciones de los trastornos de la conducta alimentaria</strong>, una dolencia que cada día afecta a más personas en el mundo sin distinción de sexo, edad o raza. Pero Ana y Mía no se presentan al mundo como lo que son: una enfermedad que <strong>nadie elige</strong> y que puede conducir a la muerte si no se trata correctamente. Se han construido una carta de presentación más amable. Se definen como una opción, un estilo de vida, una red de apoyo para conseguir el objetivo: convertirse en princesa. A cualquier precio. Llenando la vida de sufrimiento, soledad y angustia. Atentando directamente contra tu <strong>integridad física y psicológica</strong> porque, al más puro estilo maquiavélico, el fin justifica los medios.</p>
<p>Espero que no les suene esta situación. Una chica joven, adolescente, alegre, inteligente que, misteriosamente, pasa a estar completamente enfadada y de morros continuamente a la vez que su peso varía drásticamente en poco tiempo. No es el único patrón, aunque sí uno común. En el mejor de los casos, los padres se perciben el cambio y lógicamente se preocupan. Y empiezan a investigar qué es lo que está pasando con sus hijos. Este es el caso de <strong>Lidia Amella</strong>, una madre que descubrió que su hija había desarrollado un trastorno de la conducta alimentaria y que había estado consultando en Internet webs pro Ana y Mía. En estas páginas había encontrado consejos para conseguir sus objetivos patológicos relacionados con el cuerpo y la comida, cómo disimular y <strong>hacer pasar desapercibidos</strong>; los síntomas. Y, si para conseguir ese objetivo debía mentir, dañarse a sí misma y a todos los que tenía a su alrededor <strong>no importaba lo más mínimo</strong>.  Estas webs usan perversamente el concepto princesa aprovechando la connotación positiva que se tiene en mente de la palabra. «No es fácil llegar a ser princesa» es uno de los primeros mensajes que encuentras. Una proyección del fin en positivo con una ristra de consecuencias negativas y, en algunos casos, irreversibles</p>
<p>Imaginen la cara de esta pobre madre cuando descubrió el contenido de las webs que visitaba su hija. Y decidió no quedarse de brazos cruzados. Lidia Amella ha promovido en el portal <a href="http://change.org" target="_blank">change.org</a> una <a href="https://www.change.org/p/proh%C3%ADban-las-p%C3%A1ginas-pro-anorexia-y-pro-bulimia-en-internet" target="_blank">petición</a>  al <strong>Ministerio de Justicia</strong> y al <strong>Ministerio  de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad </strong> para hacer un esfuerzo mayor en cerrar estas páginas o bloquear sus contenidos. A día de hoy ha conseguido casi 225.000 firmas, pero <strong>aún queda mucho camino por recorrer</strong>. De momento, hay un <strong>vacío legal</strong> importante con respecto a este asunto porque a pesar de su clara orientación a la autodestrucción del individuo, no vulneran el código penal por lo que su cierre depende de la moralidad de los portales que alojan este tipo de páginas. Parece aún queda un largo camino por recorrer para regular una situación legal idónea.</p>
<p>Vivimos en un mundo donde la tecnología va por delante de las personas. Y depende del uso que se le dé, esta tecnología puede convertirse en nuestro aliado o en nuestro enemigo. Por si fuera poco la amenaza de las proAna y proMía en internet y en las redes sociales, <strong>también se están colando dentro de los smartphones</strong>. Empiezan a proliferar <strong>grupos de Whatsapp</strong> que sirven de punto de encuentro para las «princesas». Su función es la misma pero se hace mucho más complicado su detección ya que es un medio más personal e inmediato a la hora de encontrar respuestas. Estos grupos se convierten en una <strong>red autodestructiva</strong> de los miembros que los componen porque no se puede hablar de apoyo cuando claramente se está atentando contra uno mismo y ayudando a que los demás imiten ese comportamiento. Debemos poner en nuestra lista de prioridades cómo gestionar este asunto, tanto desde el ámbito sanitario como desde las instituciones públicas y la población general.</p>
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		<title>Los ganadores no se rinden</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Nov 2014 21:33:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Supo que era especial aún siendo una niña. No hacía ni le gustaban las mismas cosas que al resto de chicos del barrio. Mientras todos jugaban al fútbol en la explanada; a ella le fascinaba sentarse al borde de la acera a mirar historias en el cielo. Se quedaba embobada observando las plantas del jardín cuando jugaban al escondite, hasta el punto de olvidar que ella también estaba participando. Muy pronto el resto de niños encontraron una nueva diversión en la que decidieron incluirla. El nuevo juego consistía en correr hacia ella para insultarle y pegarle en cuanto la veían aparecer en la explanada. Intentaba escaparse pero no era demasiado rápida. Así pues el juego siempre acababa de la misma forma: ella llorando y el resto de niños del barrio riéndose y celebrando el objetivo cumplido. No tenían nada en contra de ella. Simplemente les parecía divertido. Que los niños son crueles no es ninguna metáfora, sino una verdad categórica.</p>
<p>Dejó de salir a jugar fuera. Realmente no necesitaba a nadie para hacerlo. Era hija única, estaba más que acostumbrada a jugar sola. En el reino de su casa ella era la princesa y no podían hacerle daño, aunque se sintiera un poco sola. Fue entonces cuando sus padres le contaron que pronto serían uno más. Ella gritó emocionada de felicidad. El deseo más grande, ese en el que pensaba todas las noches antes de dormir, iba a convertirse en realidad. Pasados los meses, una bebé preciosa llegó a la casa. Pero nada fue como ella había imaginado. Su hermana no hacía nada, aparte de llorar y centrar gran parte de la atención que le había pertenecido hasta entonces. Se cayó del trono y su pequeña corona dorada se esfumó. Un ruido sordo se instaló en su pecho. La sensación de querer y odiar al mismo tiempo. La alegría de saber que jamás volvería a estar sola y la desazón de tener que compartir los afectos y las atenciones. La culpa por sentirse así. Deseó con todas sus fuerzas ser mayor. Los mayores no se sentían como ella. En su inocente cabecita creyó que la felicidad plena llegaría cuando fuera adulta y pudiera ser libre para hacer lo que diera la gana.</p>
<p>Creció sintiéndose diferente. Percibía que todo lo que había a su alrededor era señales que le indicaban que no iba por el buen camino, o al menos así lo vivía ella. No era como los demás niños y ella entendió que aquello era malo. Parecía como si todo su mundo le jaleara para ser como todos los demás. Y tanto empeño puso en ello que olvidó ser ella misma. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Ella quería ser normal, una más. Sólo que, a veces, la cabra tiraba hacia el monte y un pequeño ramalazo excéntrico salía para avergonzarla. Delante de su familia, de sus compañeras de clase, de los niños del barrio&#8230; en el momento más inesperado.</p>
<p>La pubertad no fue de gran ayuda para evitar verse como un bicho raro. Sus hormonas se levantaron contra la dictadura del «ser normal». Si había nacido para ser una rara, lo sería. Con todas sus consecuencias. Pero ella se había olvidado de ser ella; por lo que a su rebelde adolescencia no le quedó otra que construir lo que ella creía ser. Y así lo hizo. A la imagen y semejanza del personaje que le devolvía una sonrisa socarrona cuando no se miraba en el espejo. Y todo fue cuesta abajo y sin frenos: llanto, desazón, sentimiento de no valer nada, de ser débil, inutil, incapaz, la sensación de ser un fraude. Y, para rematar bien, la falsa calma, momentánea, enfermiza y efímera que encontró mientras se comía un helado grande que compró con dinero sisado del monedero de su madre. Escapar para luego volver a escuchar el maldito ruido sordo instalado dentro su corazón que le anunciaba la culpa y la vergüenza.</p>
<p>Ella se hizo mayor y la felicidad plena no estaba esperándole en la línea de llegada con un gran ramo de flores. Solo había a su alrededor un enorme vacío frío, oscuro que le hacía temblar. Quiso gritar pero no pudo. Lloró desesperada por poder volver atrás pero ya no era posible. Sólo quedaba una solución que se le asomaba imposible dentro de su cabeza: encontrarse a sí misma, descubrir quien era realmente.</p>
<p>No fue nada fácil. Y no pudo llevarlo a cabo ella sola. Ahí estuvo su familia, sus amigos, compañeros que se arremangaron para ayudarla a pesar de sus primeros recelos, sus negativas y su desconfianza. Estuvieron ahí para darle la mano y poder levantarse en las esperadas caídas. Muchas veces quiso rendirse, tirar la toalla pero nadie permitió que lo hiciera. Los ganadores nunca se rinden, no importan las veces que caigan. Fue así cómo ella, poco a poco, logró volver a confíar en las personas. Eso le llevó a reencontrarse con ella misma, descubrirse y asombrarse con la potente luz que desprendía. El ruido sordo que se había instalado en su corazón calló. Para siempre.</p>
<p>Fue entonces cuando volvió a sentirse tal y como era. Especial.</p>
<p><a href="http://www.deviantart.com/art/Never-give-up-175852738" target="_blank">créditos imagen</a></p>
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		<title>Crecer</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 10:51:57 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El niño jugaba en el andén de la estación, ajeno al mundo que lo rodeaba. Jugaba con una pelota de colores chillones, botándola más y más alto cada vez. Su padre le advirtió que dejara de jugar, el tren que debían tomar estaba entrando en la estación.<br />
Entonces sucedió algo inesperado. La pelota botó muy arriba, y al caer chocó contra una de las columnas metálicas desviando su trayectoria hacia la vía. Botó de nuevo y la cabecera del cercanías la propulsó hacia delante mientras su pequeño dueño quedaba atónito.</p>
<p>Estalló en un llanto desconsolado. Su madre tuvo que cogerle en brazos para poder subir al tren; él se negaba. Quería recuperar su pelota. La familia se sentó y el tren inició la marcha hacia su destino. El niño seguía llorando acurrucado en el regazo de su madre. Ella le acariciaba el pelo para intentar calmarlo, mientras hablaba con él dulce y comprensiva.</p>
<p><em>- No te preocupes, cariño. Mamá te comprará una pelota antes de llegar a casa de los abuelos. Una igualita a la que tenías.</em></p>
<p>El niño sollozaba.</p>
<p><em>- Yo no quiero otra pelota. Ésa era mi pelota.Cuando pintaba en mi cuarto, la miraba y estaba conmigo. Iba a estar conmigo toda vida…</em></p>
<p>La madre sonrió y tuvo que reprimir la risa que le provocaban las inocentes palabras de su hijo.</p>
<p><em>-Cariño, tu pelota ha decidido ser libre e ir a recorrer el mundo. No podemos detenerla si realmente ése es su deseo. Si de verdad la quieres, deséale la mejor suerte en su aventura y dile adiós.</em></p>
<p>El niño miró compungido a su madre.</p>
<p><em>-Ya. No me queda más remedio</em>- dijo con una vehemencia impropia de su edad &#8211; <em>Adiós pelota.</em></p>
<p>La madre lo abrazó y atrajo su carita hacia su pecho, hacia el consuelo que solo una madre puede dar. El padre acarició la espalda de su retoño, conmovido por la lección que la vida acababa de dar al pequeño.</p>
<p>Un señor famoso que sale en la tele dice que crecer es aprender a despedirse. Razón no le falta. La despedida lleva implícita la aceptación del fin de aquello a lo que decimos adiós: una relación amorosa, una amistad, un trabajo, una etapa vital, un contrincante… Crecer es dejar marchar a lo que ya ha cumplido su cometido. Si lo retenemos, solo sirve para huir del cambio que supone esa despedida. Sin embargo, el cambio no huye del ser humano. Lo arrolla como una apisonadora, si es necesario, nunca se detiene. No atiende a razones, ni a excusas, ni a excepciones.<br />
Cuándo nos despedimos, algo en nuestra mente nos indica que el cambio ha llegado, que nuestra vida ya no será como la hemos conocido hasta ahora. Es justo en esta circunstancia donde se pone a prueba una de las cualidades más fascinantes del ser humano: su resiliencia, es decir, su cualidad de sobreponerse a situaciones adversas o a períodos de dolor emocional. Su capacidad para seguir hacia delante a pesar de las dificultades, las dudas y la incertidumbre que nos da la vida todos los días. Todos los seres humanos poseemos resiliencia, sin excepciones. Desarrollarla nos convierte en mejores personas con más capacidad de adaptación al mundo que nos toca vivir. Porque la diferencia no está en tener o no tener problemas, sino en hasta qué punto limitan nuestra vida y cómo los abordamos para encontrar soluciones.<br />
Un aspecto determinante para que una persona desarrolle un trastorno de la conducta alimentaria es el miedo a crecer y a asumir un rol adulto. Esta negación está íntimamente relacionada con la falta de seguridad en uno mismo, la sensación de incapacidad para ser “mayor” y con la baja autoestima que se se padece con esta enfermedad. El miedo al cambio priva al paciente de experimentar un camino hacia la madurez sano y necesario para disfrutar de una buena calidad de vida. No interioriza ni acepta que hay que dejar ir al pasado y no aferrarse a aquello que fue. No lo hace porque le aterra enfrentarse al presente, tomar decisiones equivocadas que hipotequen su futuro. Aunque, en realidad ya lo está; pero no es consciente de esa falta de libertad y de que es él mismo el que está saboteando lo que está por llegar.<br />
Debemos vivir la vida que para eso nos la dieron, recorrer mundo y vivir nuestra aventura tal y como la pelota. Así pues, despidámonos del niño en el andén y saltemos a lo desconocido.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Mañana</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2014 17:44:59 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://blogadalmed.com/wp-content/uploads/2014/08/trees_of_tomorrow_by_zardo-d1zoo6t.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-360" src="http://blogadalmed.com/wp-content/uploads/2014/08/trees_of_tomorrow_by_zardo-d1zoo6t-300x203.jpg" alt="" width="300" height="203" /></a><a title="Foto de" href="http://zardo.deviantart.com/art/Trees-of-tomorrow-120403829" target="_blank">Créditos de foto</a></p>
<p>“Todo irá bien, mañana” pensó cuando tiró de la cadena para alejar el monstruo de la cena  de si. Hoy no había podido vencerlo pero… mañana sí. Lo mataría para siempre. Esta vez no sería como las anteriores, no sería débil.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” se dijo en voz alta antes de sacar fuera de su cuerpo el desayuno. La entrevista de trabajo en la empresa donde siempre había soñado trabajar le estaba consumiendo. Los nervios se le agarraban al estómago desde que era un crío. Y todo el mundo se pone atacado en una situación así… ¿no? Esta vez tenía sentido haberlo hecho. Aún no podía creerse que tenía la entrevista. Aun no entendía cómo de entre millones de currículos, habían elegido el suyo. Algo debía haber fallado, algún descuido había jugado a su favor. Es por eso que no tenía muchas esperanzas. Cuando se descubrieran cómo era de verdad, ya no pasaría el proceso.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” Las cuatro horas diarias que empleaba en ir al gimnasio al lado del trabajo le ayudaban a sentirse eufórico. Conseguía descargar la tensión, sentirse poderoso, capaz de cualquier cosa. Incluso de invitar a salir a la chica que se sentaba dos escritorios detrás del suyo. Sin importarle una mierda el resto de babosos que tenía siempre a su alrededor. Le gustaba. No tenía mucha relación con ella, le daba pánico acercarse a hablar y empezar a tartamudear o peor, decir alguna tontería sin sentido. Delante del resto de moscones. La sola idea le producía escalofríos. Descubrirían que él realmente es un pringado mediocre que consiguió hacer sonar la flauta cuando pasó el proceso de selección. Se darían cuenta de que no merecía estar donde estaba. No era su lugar.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” Esnifó la cocaína. Aun le quedaba mucho trabajo por hacer y el proyecto debía entregarse al día siguiente. Su ascenso dependía del éxito del mismo. No podía dejar nada al azar. Todo el departamento estaba pendiente, deseando que tropezase y verle caer. Sentía su odio en la espalda. Nunca le perdonaron que fuera él quien conquistase el corazón de la chica más bonita de la oficina y la hiciera su esposa. Y la mejor manera de vengarse de ellos era convirtiéndose en su jefe. Entonces sabrían quién era él de verdad.</p>
<p>Padecer un TCA significa en ocasiones tener la falsa concepción de que éste desaparecerá tal y como vino, por arte de magia. Genera una falsa creencia en el paciente: todo se solucionará porque dejaré de hacer esto, no me supondrá ningún esfuerzo y volveré a la normalidad. No ven que han perdido la capacidad de elegir, su libertad porque ya está condicionada por los síntomas de la enfermedad. Hemos hablado en otras ocasiones sobre ello.  Ya hemos comentado que lo verdaderamente grave en un trastorno de la conducta alimentaria es la pérdida de libertad del paciente y frente a su sintomatología. A esto se le suma el autoengaño y la minimización de sus síntomas, dando como resultado una espiral de de conductas patológicas que se agravan según pasa el tiempo.</p>
<p>Todo irá bien si se ponen los medios para que vaya bien. Si se pide ayuda para vencer conductas que están integradas en el día a día del paciente. Si se cuenta con el apoyo del entorno. Seguramente no mañana, ni pasado, ni al otro.</p>
<p>Pero todo irá bien.</p>
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		<title>Apóyate en mi hombro</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Jul 2014 19:36:07 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Movía la pierna nerviosa mientras esperaba sentada en la sala de espera. Su consulta llevaba más de tres cuartos de hora de retraso, tiempo suficiente para haberse arrepentido unas cuantas veces de estar ahí. Pero la suerte ya estaba echada. No se encontraba bien, no era feliz y su vida era más parecida a la existencia de una ameba que a la de un ser humano adulto. Necesitaba ayuda, eso no lo dudaba nadie. Ni siquiera ella misma.</p>
<p>Sus padres habían accedido a acompañarla. Aunque fuese incapaz de verlo en aquel momento, estaban muy preocupados. En particular su madre sufría mucho por ver que ella no era «normal» desde tiempo atrás. Había sido idea de la madre acudir allí, como casi todo los anteriores intentos fallidos de encontrar una solución para su hija. De hecho, sin decirle nada a nadie, la madre había hecho un pacto consigo misma: No contaría las veces que fracasara en el intento de salvar a su hija, jamás se rendiría. La situación le hacía sentir culpable y responsable. No había sabido educar correctamente a su hija, sino hacerle daño.</p>
<p>Llegó su turno. Pasó a un despacho aséptico donde le esperaban un señor con cara de topillo y una chica joven con el pelo corto y grandes gafas de pasta. Le hicieron preguntas sobre ella, su estado de ánimo, su rutina. Escucharon atentamente cómo de mierda era su vida y lo desgraciada que se sentía. También les contó los episodios de los atracones, muerta de vergüenza por lo que ellos pudieran opinar. Ellos le explicaron qué es lo que le ocurría; y que se podía salir de ello. Le dieron ánimos no muy creibles en aquel momento para ella: «Con esfuerzo por tu parte, podrás estar bien». Le contaron una serie de pautas que tendría que cumplir de manera estricta y que acudiría a una terapia grupal. Salió de la consulta con la extraña sensación de sentirse aliviada pero acorralada a un mismo tiempo. No las tenía todas con ella de que aquello fuese a funcionar pero ya estaba allí y no había manera de volver atrás.</p>
<p>Ella intuía que aquello no iba a ser un camino de rosas. La verdad es que si hubiese sido consciente de lo que se le venía encima, habría salido huyendo. Porque para encontrarse «mejor», debía hacer justo todo lo contrario a lo que le apetecía, lo que pedía el cuerpo. Tenía que cortar las vías de escape a la enfermedad, le había dicho el terapeuta. Es muy fácil decirlo, sí. Hacerlo era otro cantar.</p>
<p>Y ahí estuvieron sus padres, toda su familia, sus amigos para echarle un cable. En los malos momentos y en los peores; porque los buenos tardaron algo más en llegar. Pero llegaron, poco a poco, gracias al esfuerzo y el gran apoyo que recibió de su gente, esa a la que nunca había pedido ayuda. Y alguien estuvo ahí en todos los momentos que los que estuvo a punto de abandonar, en los momentos que metió la pata, en las recaídas siempre tuvo varias manos que consiguieron que se volviese a levantar y continuase. Y cuando quiso mandarlo todo a paseo y abandonar, alguien se lo impidió.</p>
<p>Es tremendamente duro y dificil superar un trastorno de la conducta alimentaria y conseguir el alta. Y si no se cuenta con un apoyo del entorno se convierte en casi imposible. Una amplia mayoría de las personas que obtienen el alta han llegado hasta ella gracias al apoyo incondicional que les han brindado los suyos. Porque cuando se padece un TCA, además que privarte de la libertad, la realidad se distorsiona y las percepciones se reciben sesgadas; se pierde el contacto con la realidad. Porque un trastorno de la conducta alimentaria lleva a automatizar comportamientos nocivos, agresivos y destructivos para uno mismo. Porque la inseguridad y la falta de autoestima que los produce oscurecen el cristal por el que se mira el mundo. Y lo más importante: porque nadie es autosuficiente y los seres humanos necesitamos de los demás para poder afrontar los retos que lanza la vida.</p>
<p>La madre no se rindió. Fue durísimo, pero mereció la pena ayudar a su hija, volver a verla sonreír, tener brillo en los ojos e ilusiones en el corazón. Ella, como muchas otras madres, padres, hermanos, abuelos, novios, maridos,  amigos, compañeros de clase, colegas de trabajo merecerían un monumento por la generosidad y el increible esfuerzo y tesón que ponen en sacar adelante a los pacientes.</p>
<p>Millones de gracias a todos por todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Foto de portada: <a title="Foto" href="https://www.flickr.com/photos/celanth/2377062428/" target="_blank">Fuente</a></p>
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		<title>Final</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jun 2014 19:47:10 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ella regresaba a casa desde las antípodas después de su beca Erasmus y, de manera inesperada, aterrizó en Adalmed. No supo bien cómo ni quienes habían urdido esa drástico encerrona hasta mucho tiempo después. En aquel instante solo pudo sentir cómo el infierno había seguido su rastro desde Australia para quedarse con ella. Casi sin poder evitarlo, Adalmed, el tratamiento y sus compañeras de grupo tuvimos que darle a bienvenida a España casi al tiempo que ¡¡Sorpresa!!</p>
<p>¡Pero qué pesados! Todos estaban empeñados en convencerla de que estaba enferma, que debía tratarse, aunque Ella no lo creyera así. Estaba perfectamente sana. Si bien es cierto que no conocía la felicidad plena pero es que nadie es capaz de conseguirla ¿no? Y exageraban cinco pueblos cuando decían que la preocupación que tenía por su imagen física era obsesiva y enfermiza. Ni que fuera una fashion victim. Desde luego, a ella no le pasaba absolutamente nada.</p>
<p>De repente se vio sentada en una silla en medio de aquel círculo de chicas sonrientes y desconocidas. Estaban allí para echarle un cable, o eso fue lo que le dijo el jefe de todo aquello. A simple vista tampoco percibió que padecieran nada de nada. Eso sí, que no contaran con que se relacionara con ellas. No era nada personal pero no había ido allí a hacer amigas. Y así lo hizo saber de manera muy educada. A nadie le habían rechazado tan diplomáticamente hasta ese día. Sesión tras sesión, cumplía estrictamente con su asistencia en Adalmed. Llegaba, se sentaba, se colocaba la coraza con la que aislarse de ese mundo con el que no se sentía para nada identificada y donde, al parecer, pretendían que estuviese durante una temporadita.</p>
<p>Pronto se dio cuenta de que con esa actitud no conseguiría escapar. Sentía como si estuviera cayendo en una vorágine sin salida; ya no podía cumplir sus objetivos y expectativas con el cuerpo y comida debido a las dichosas pautas de la dictadura adalmediana, pero tampoco estaba cumpliendo con los “compromisos” tontos que le permitirían abandonar aquel nido de grillos. Enrocada, en tablas, en tierra de nadie, pensó en cuál debía ser su objetivo: salir de allí cuanto antes. Y si para conseguirlo tenía que seguir la corriente a aquella panda de raros, estaba dispuesta a asumirlo. Por esta razón decidió cumplir con todo lo que se suponía que debía hacer.</p>
<p>Hoy, contado así suena como que fue coser y cantar. Nada más lejos de la realidad. Para poder salir de Adalmed debía cumplir a rajatabla con todo lo que ella pensaba que eran estupideces sin sentido, aunque sólo fuese para que se callaran. Los inicios fueron muy duros pero estaba convencida que permanecería en Adalmed el tiempo estrictamente necesario.»Cuánto antes lo haga, antes me iré» se repetía como un mantra. Y puede que esa convicción le sirviera para no flaquear, ser constante y hacer justo lo que menos le apetecía: nadar a contracorriente</p>
<p>Los días fueron pasando. Y las chicas con las que se sentaba en círculo todos los martes y jueves empezaron a tener nombres propios, problemas que les costaba resolver, preocupaciones; y sueños que les parecían inalcanzables. Y en ocasiones se pilló a sí misma pensando «Anda, si eso también me pasa a mí» o «Yo eso también lo he pensado alguna vez». Algunas de ellas lo contaban con si todo su mundo dependiera de aquello, otras le quitaban toda la importancia que pudiera tener hasta convertirlo en una frivolidad. Se vio reflejada en varios espejos, desde distintos ángulos que le indujeron a acercarse a mirarlos más detenidamente.</p>
<p>Esto hizo que fuese derribando las murallas que había construido para proteger su «delicada» autoestima. Ese derrumbe le ayudó a afrontar el fin de su periodo universitario, mejorar su ambiente familiar. Afrontó la llegada de su etapa adulta, buscando el trabajo para el que decía «no tener ninguna vocación». Ella había ido a la universidad, sí, para ser dependienta en Zara. Aprendió cómo mejorar la relación con sus amigos y a ser capaz de encontrar otros nuevos. Por supuesto, también le vino de perlas cuando apostó por conocer y tener una relación de pareja con Miguel, con el que se ha casado y están construyendo un proyecto de vida juntos.</p>
<p>La verdadera Ella floreció de entre las ruinas de sus murallas. Las que la vimos por primera vez, aún recordamos una expresión en su rostro impasible, sin ningún atisbo de sentimiento, por encima del bien y del mal. Como también nos ha sido imposible olvidar su cabeza baja, los brazos cruzados y una pierna meneándose de un lado a otro dentro de aquellos pantalones bombachos. Y es maravilloso poder decir ahora que adoramos su sonrisa porque nos transmite alegría, mucha felicidad y entusiasmo con su vida. Y es que en el momento en el que se abrió, ayudó y se dejó ayudar, su visión de las cosas cambió por completo.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Este texto forma parte del testimonio que dos pacientes le dedicaron a una de sus compañeras cuando se fue con el alta grupal en sus manos. Un TCA se cura. Porque sí, se puede.</em></p>
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		<title>La huída</title>
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		<pubDate>Sat, 31 May 2014 19:55:06 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Aprender sobre TCA]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Anunció que se marchaba. Había decidido que en Italia le estaba esperando un futuro muchísimo mejor. En apenas una semana. Se lo anunció a sus padres justo después de comprar un vuelo de ida a Florencia. Su vida aquí había dejado de tener sentido, no había nada que le motivara a quedarse. Sin trabajo, sin Miguel y con la apatía que le oprimía no quería seguir.  Sí, irse a Florencia era la solución a todos sus problemas. Allí conseguiría ser feliz. De verdad.</p>
<p>No escuchó las súplicas de su madre; tampoco las rugientes amenazas de su padre gritándole lo inconsciente e inmadura que estaba siendo. Inmadura ella&#8230; ¡Ja! Se había hartado de ser lo que los demás querían que fuese. Ya era hora de volver a coger las riendas. Florencia era el bálsamo que necesitaba, sin duda. Conocería a un montón de gente. Y allí no tendría problemas para encontrar un trabajo hablando italiano tal y como ella lo hacía. Empezaría de nuevo, dejando atrás los fantasmas aquí. Todo sería diferente.</p>
<p>Ojalá así hubiese sido. La triste verdad es que se marchó a Florencia. Y, muy a su pesar, el rumbo de sus planes se torció. Es cierto que rápidamente encontró trabajo como recepcionista en una pequeña escuela de pintura y una habitación en un piso compartido con dos chicas inglesas. Sin embargo, la apatía que le oprimía el pecho seguía allí. Intentaba congeniar con sus compañeras pero eran demasiado raras y calladas. En la escuela tampoco hubo mejor suerte. Su existencia florentina consistía en un ir y venir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Deambulaba sola por la ciudad en sus días libres. En un primer momento hizo un pequeño esfuerzo por conocer gente, que se esfumó ante la primera dificultad.</p>
<p>Fue entonces cuando sus viejos fantasmas regresaron; aunque, en realidad, nunca habían dejado de acompañarla.</p>
<p>Huir es un mecanismo de defensa que activa el miedo en todos los seres humanos. Nos aleja de lo considerado peligroso. Sin embargo, una huída puede resultar una vía de escape para no afrontar situaciones que no se saben resolver o que cuesta afrontarlas. Este comportamiento suele ser común para las personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria. La baja autoestima, la inseguridad, la minusvaloración hace empequeñecer la percepción de uno mismo y de su capacidad, distorsionándola. Y ante la desagradable sensación que produce la distorsión, sobre todo en momentos donde la exposición de la persona es importante o surge una complicación, se activa el mecanismo de la huída o el de la evitación.</p>
<p>Casi todos los pacientes de trastorno de la conducta alimentaria se han planteado alguna vez dejarlo absolutamente todo y marcharse para empezar desde cero en otro lugar donde nadie pueda saber de su pasado. La fantasía termina de construirse en su mente con un espejismo: todo será diferente en el lugar de destino. Allí serán capaces de dejar atrás sus síntomas. Acaban por relacionar su mal con el lugar donde se encuentran y no lo reconocen como una distorsión.</p>
<p>Porque su malestar se encuentra dentro de sí y los acompañará allá donde vayan si no piden la ayuda adecuada para poder salir adelante.</p>
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		<title>Photoshop, distorsión y realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2014 14:02:50 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Noticias y TCA]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La fotografía ha evolucionado muchísimo, especialmente desde que dio el salto a lo digital y las imágenes se pueden tratar desde el ordenador ¿Quién no ha escuchado alguna vez «no te preocupes, el photoshop hace milagros»? Seguramente muchas personas han bromeado con el fotógrafo después de sacar una toma «pero tú luego hazme el photoshop ese para salir bien».<br />
Hoy vamos a romper un mito posmoderno: Photoshop no hace milagros. Más quisieran los dueños de Adobe, propietarios del software de edición de imágenes y alguno que otro más. Photoshop es como un mago ilusionista: tiene trucos espectaculares que al no versado en la materia le parecen magia. Sin embargo, aquí no reside el problema sino que se encuentra en el uso perverso para el que se usan esas ilusiones construidas, acabando la gran mayoría en distorsiones colectivas de la percepción de la realidad.<br />
Retocar una foto no tiene por qué ser malo o perverso en sí mismo. Presentar un artificio como la realidad sí lo es. Que se lo cuenten a <a href="http://http://www.trendenciasbelleza.com/noticias/dos-anuncios-de-lancome-y-maybelline-son-retirados-en-reino-unido" target="_blank">Lancome o a Maybelline</a>, por poner un ejemplo, que vieron como en Reino Unido retiraban anuncios de sus campañas de productos de belleza, acusándolos de exceso de Photoshop y publicidad engañosa. Es cierto que la publicidad siempre ha tenido como principal objetivo hacer una presentación excelente de los productos, después de todo, su objetivo es impulsar ventas. Este motivo hace que las empresas se gasten presupuestos indecentes en publicidad, aunque la crisis los haya mermado considerablemente.</p>
<div style="width: 460px" class="wp-caption aligncenter"><img src="http://pu.i.wp.pl/k,MTAxMjQyMjgsNjEyODU4,f,DavidCameron_comparison.jpg" alt="" width="450" height="324" /><p class="wp-caption-text">El antes y el después del primer ministro británico David Cameron</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seamos honestos. No sólo las empresas sienten la necesidad de recurrir al Photoshop. También lo hacen personajes de interés público: actrices, modelos, cantantes… incluso los políticos. La gran mayoría de los candidatos a las elecciones pasan por el retoque antes de sacar a la luz la imagen de campaña. Hace poco menos de un mes hubo dos polémicas en la red sobre este tema. Por un lado, la filtración de<a href="http://www.antena3.com/celebrities/famosos-moda/salen-luz-imagenes-lady-gaga-photoshop-versace_2014041700179.html" target="_blank"> unas fotos para Versace que mostraban a Lady Gaga con la cara lavadita</a>; y por otro, la otra filtración de <a href="http://www.publico.es/515984/bajo-la-piel-de-scarlett-johansson" target="_blank">varios fotogramas del rodaje de la última película de Scarlett Johansson</a> donde se veía un desnudo integral de la actriz sin ningún tipo de retoque digital. En ambos casos se evidenciaba como podía cambiar la imagen de las dos mujeres sin Photoshop. ¡Hasta <a href="http://blogs.smoda.elpais.com/imperdibles/2014/04/photoshop-al-principe-jorge/" target="_blank">el bebé de los príncipes de Gales </a>ha pasado por el filtro! Paralelamente, la cantante adolescente Lorde, de origen australiano, se ha mostrado muy <a href="http://blogs.smoda.elpais.com/imperdibles/2014/04/lorde-no-quiere-que-le-hagana-photoshop/" target="_blank">combatiente contra el uso del retoque digital en sus imágenes</a>, denunciando a la edición canadiense de Elle por una portada retocada protagonizada por ella y exhibiendo en su cuenta de Twitter fotos de sus conciertos retocadas comparándolas con otras no retocadas. Parece ser que podemos tener esperanza en las generaciones que vienen por detrás.<br />
Photoshop no hace milagros, decíamos. Photoshop distorsiona la realidad, convirtiendo un canon imposible de belleza en un objetivo plausible; aumentando la presión social en la población para conseguir una meta tramposa, para escoger un camino que lleve a la insatisfacción constante. Y si esto no es perverso, el infierno es de hielo.</p>
<div style="width: 490px" class="wp-caption alignnone"><img src="http://us.cdn281.fansshare.com/photos/photoshop/before-after-before-and-after-370641849.jpg" alt="" width="480" height="278" /><p class="wp-caption-text">Proceso inverso: envejecer a través de Photoshop</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2011 un matrimonio estadounidense, Seth y Eva Matlins estaban un poco hartos del universo de estereotipos distorsionados que les llegaban a través de los medios de comunicación. No querían por nada del mundo que sus hijos creciesen bajo la tiranía de éstos. Pensaron que hacer felices a las personas debía ser su misión en la vida. Y así nació la iniciativa que impulso la “Selfsteem Act” (Ley de autoestima) que pretende regular en los Estados Unidos el uso del Photoshop en prensa y en publicidad para evitar difundir un “ideal de belleza que nada tiene que ver con la realidad”. Y no se conformaron con esto. Fundaron la revista <a href="http://www.feelmorebetter.com/" target="_blank">“Off our chests”</a>, desde donde propagan su mensaje al mundo. Pero no son los únicos. Tras una <a href="http://smoda.elpais.com/articulos/la-ley-vigilara-su-photoshop-enganoso/4746" target="_blank">escandalosa campaña publicitaria de bikinis de la empresa Target</a>, se ha impulsado el proyecto de ley Truth in Advertising Act gracias a tres integrantes de la Cámara de Representantes que han contado con el apoyo de las organizaciones <a href="http://www.bravegirlswant.com/">Brave Girls Alliance</a> y <a href="http://www.eatingdisorderscoalition.org/">Eating Disorders Coallition.</a><br />
No sabemos en qué acabará esta batalla. El principal argumento de la parte contraria es que el uso del retoque digital está totalmente extendido y que no se le puede poner puertas al campo. A pesar de todo, es una buena iniciativa y una muy buena noticia su existencia. Ojalá se extendieran de manera global.</p>
<p>Porque la belleza real no está reñida con vender cremas o bikinis.</p>
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		<title>Carta abierta para Andrea Tomé</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Feb 2014 09:34:16 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Noticias y TCA]]></category>
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		<category><![CDATA[La Caixa/Plataforma de novela juvenil]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<div>Andrea Tomé, 19 años, es la ganadora de la segunda edición del premio <a href="http://prensa.lacaixa.es/obrasocial/view_object.html?obj=816,c,19639" target="_blank">«La Caixa/ Plataforma de novela juvenil»</a>. Su novela, Corazón de mariposa, trata sobre la anorexia. La autora se declara afectada por el mismo trastorno y en sus declaraciones a la <a href="http://www.abc.es/cultura/libros/20140227/abci-premio-novela-joven-andrea-201402262123.html" target="_blank">prensa</a> afirma que la anorexia no se cura. No he podido evitar sentarme frente al ordenador para escribirle una carta.</div>
<div></div>
<div>Querida Andrea:</div>
<div></div>
<div>En primer lugar quería darte la enhorabuena por el premio literario que ha fallado en tu favor La Caixa/Plataforma de novela juvenil. Es verdaderamente estimulante obtener un honor así y un motivo de orgullo muy grande.</div>
<div></div>
<div>No he tenido ocasión de leer tu novela «Corazón de mariposa». Me he enterado de su existencia apenas hace un momento. No dudo de su prosa, ni de su calidad literaria, no me malinterpretes. No voy a juzgar algo que de momento desconozco. Pero, lamentablemente, debo disentir contigo en el concepto sobre la anorexia que transmites al resto del mundo.</div>
<div></div>
<div>La anorexia SÍ se cura. Como se curan todos los trastornos de conducta alimentaria. A pesar de todas las dificultades, de situaciones muy límites, de caída, recaídas y vueltas a recaer . Porque, como bien dices, los desórdenes alimentarios, en realidad, tienen poco que ver con la comida. Son trastornos mentales provocados por una baja autoestima, inseguridad, problemas para relacionarte con los demás y dificultad para afrontar los retos que te pone la vida. Es una enfermedad que te anula como persona y que te priva de tu capacidad para decidir. En definitiva, te priva de tu libertad.</div>
<div></div>
<div>No es fácil curarse de un trastorno alimentario. Requiere mucho esfuerzo no sólo por parte del que la padece, sino también de las personas que están a su alrededor: familia, amigos, compañeros de clase, pareja para llegar a la meta. Nadie sale en solitario, como tampoco se consigue en el corto plazo; se necesita un tiempo largo desgraciadamente. Pero sí se puede. Claro que se puede.</div>
<div></div>
<div>Podría presentarte a más de una veintena de personas que sí lo han conseguido. Hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que han vencido en la lucha contra esta terrible enfermedad; cada una de ellas en situaciones meridianamente opuestas.</div>
<div>Estos trastornos se han convertido en una de las epidemias de nuestro tiempo por el alto porcentaje de personas que la padecen. La falta de información precisa junto con la construcción de tópicos y estereotipos con los que poder simplificar su mecanismo hacen caer en ideas erróneas como que «sus pacientes son chicas que anhelan un cuerpo de modelo», «es una elección propia», «es algo con lo que hay que aprender a convivir» o «no es una enfermedad, es un estilo de vida».</div>
<div></div>
<div>Sin embargo, no nos dejemos engañar. La anorexia (ni ningún desorden alimentario) NUNCA será un estilo de vida. El porqué es muy sencillo: un estilo de vida se ejerce en libertad, se elige. Por voluntad propia. Las personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria no eligen la enfermedad. Nadie elige estar enfermo. Nadie decide libremente destrozar su vida y la de las personas que están a su alrededor. Va en contra de nuestra condición humana. Y por mucho que la sociedad ayude a normalizar síntomas como la excesiva preocupación por nuestra dieta y por nuestra condición física, por ejemplo; seguirá siendo una enfermedad desde el instante en que te limite y no te deje ser libre.</div>
<div></div>
<div>Te animaría, querida Andrea, a ampliar tu mirada sobre tu trastorno. No te resignes a la convivencia con la enfermedad porque eso no sucederá sin tu sometimiento a ella. Puedes ser feliz. Puedes ser libre. De verdad, no te rindas.</div>
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