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	<title>El Blog de Adalmed &#187; huída</title>
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		<title>Mañana</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2014 17:44:59 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Aprender sobre TCA]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://blogadalmed.com/wp-content/uploads/2014/08/trees_of_tomorrow_by_zardo-d1zoo6t.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-360" src="http://blogadalmed.com/wp-content/uploads/2014/08/trees_of_tomorrow_by_zardo-d1zoo6t-300x203.jpg" alt="" width="300" height="203" /></a><a title="Foto de" href="http://zardo.deviantart.com/art/Trees-of-tomorrow-120403829" target="_blank">Créditos de foto</a></p>
<p>“Todo irá bien, mañana” pensó cuando tiró de la cadena para alejar el monstruo de la cena  de si. Hoy no había podido vencerlo pero… mañana sí. Lo mataría para siempre. Esta vez no sería como las anteriores, no sería débil.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” se dijo en voz alta antes de sacar fuera de su cuerpo el desayuno. La entrevista de trabajo en la empresa donde siempre había soñado trabajar le estaba consumiendo. Los nervios se le agarraban al estómago desde que era un crío. Y todo el mundo se pone atacado en una situación así… ¿no? Esta vez tenía sentido haberlo hecho. Aún no podía creerse que tenía la entrevista. Aun no entendía cómo de entre millones de currículos, habían elegido el suyo. Algo debía haber fallado, algún descuido había jugado a su favor. Es por eso que no tenía muchas esperanzas. Cuando se descubrieran cómo era de verdad, ya no pasaría el proceso.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” Las cuatro horas diarias que empleaba en ir al gimnasio al lado del trabajo le ayudaban a sentirse eufórico. Conseguía descargar la tensión, sentirse poderoso, capaz de cualquier cosa. Incluso de invitar a salir a la chica que se sentaba dos escritorios detrás del suyo. Sin importarle una mierda el resto de babosos que tenía siempre a su alrededor. Le gustaba. No tenía mucha relación con ella, le daba pánico acercarse a hablar y empezar a tartamudear o peor, decir alguna tontería sin sentido. Delante del resto de moscones. La sola idea le producía escalofríos. Descubrirían que él realmente es un pringado mediocre que consiguió hacer sonar la flauta cuando pasó el proceso de selección. Se darían cuenta de que no merecía estar donde estaba. No era su lugar.</p>
<p>“Todo irá bien, mañana” Esnifó la cocaína. Aun le quedaba mucho trabajo por hacer y el proyecto debía entregarse al día siguiente. Su ascenso dependía del éxito del mismo. No podía dejar nada al azar. Todo el departamento estaba pendiente, deseando que tropezase y verle caer. Sentía su odio en la espalda. Nunca le perdonaron que fuera él quien conquistase el corazón de la chica más bonita de la oficina y la hiciera su esposa. Y la mejor manera de vengarse de ellos era convirtiéndose en su jefe. Entonces sabrían quién era él de verdad.</p>
<p>Padecer un TCA significa en ocasiones tener la falsa concepción de que éste desaparecerá tal y como vino, por arte de magia. Genera una falsa creencia en el paciente: todo se solucionará porque dejaré de hacer esto, no me supondrá ningún esfuerzo y volveré a la normalidad. No ven que han perdido la capacidad de elegir, su libertad porque ya está condicionada por los síntomas de la enfermedad. Hemos hablado en otras ocasiones sobre ello.  Ya hemos comentado que lo verdaderamente grave en un trastorno de la conducta alimentaria es la pérdida de libertad del paciente y frente a su sintomatología. A esto se le suma el autoengaño y la minimización de sus síntomas, dando como resultado una espiral de de conductas patológicas que se agravan según pasa el tiempo.</p>
<p>Todo irá bien si se ponen los medios para que vaya bien. Si se pide ayuda para vencer conductas que están integradas en el día a día del paciente. Si se cuenta con el apoyo del entorno. Seguramente no mañana, ni pasado, ni al otro.</p>
<p>Pero todo irá bien.</p>
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		<title>La huída</title>
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		<pubDate>Sat, 31 May 2014 19:55:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Anunció que se marchaba. Había decidido que en Italia le estaba esperando un futuro muchísimo mejor. En apenas una semana. Se lo anunció a sus padres justo después de comprar un vuelo de ida a Florencia. Su vida aquí había dejado de tener sentido, no había nada que le motivara a quedarse. Sin trabajo, sin Miguel y con la apatía que le oprimía no quería seguir.  Sí, irse a Florencia era la solución a todos sus problemas. Allí conseguiría ser feliz. De verdad.</p>
<p>No escuchó las súplicas de su madre; tampoco las rugientes amenazas de su padre gritándole lo inconsciente e inmadura que estaba siendo. Inmadura ella&#8230; ¡Ja! Se había hartado de ser lo que los demás querían que fuese. Ya era hora de volver a coger las riendas. Florencia era el bálsamo que necesitaba, sin duda. Conocería a un montón de gente. Y allí no tendría problemas para encontrar un trabajo hablando italiano tal y como ella lo hacía. Empezaría de nuevo, dejando atrás los fantasmas aquí. Todo sería diferente.</p>
<p>Ojalá así hubiese sido. La triste verdad es que se marchó a Florencia. Y, muy a su pesar, el rumbo de sus planes se torció. Es cierto que rápidamente encontró trabajo como recepcionista en una pequeña escuela de pintura y una habitación en un piso compartido con dos chicas inglesas. Sin embargo, la apatía que le oprimía el pecho seguía allí. Intentaba congeniar con sus compañeras pero eran demasiado raras y calladas. En la escuela tampoco hubo mejor suerte. Su existencia florentina consistía en un ir y venir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Deambulaba sola por la ciudad en sus días libres. En un primer momento hizo un pequeño esfuerzo por conocer gente, que se esfumó ante la primera dificultad.</p>
<p>Fue entonces cuando sus viejos fantasmas regresaron; aunque, en realidad, nunca habían dejado de acompañarla.</p>
<p>Huir es un mecanismo de defensa que activa el miedo en todos los seres humanos. Nos aleja de lo considerado peligroso. Sin embargo, una huída puede resultar una vía de escape para no afrontar situaciones que no se saben resolver o que cuesta afrontarlas. Este comportamiento suele ser común para las personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria. La baja autoestima, la inseguridad, la minusvaloración hace empequeñecer la percepción de uno mismo y de su capacidad, distorsionándola. Y ante la desagradable sensación que produce la distorsión, sobre todo en momentos donde la exposición de la persona es importante o surge una complicación, se activa el mecanismo de la huída o el de la evitación.</p>
<p>Casi todos los pacientes de trastorno de la conducta alimentaria se han planteado alguna vez dejarlo absolutamente todo y marcharse para empezar desde cero en otro lugar donde nadie pueda saber de su pasado. La fantasía termina de construirse en su mente con un espejismo: todo será diferente en el lugar de destino. Allí serán capaces de dejar atrás sus síntomas. Acaban por relacionar su mal con el lugar donde se encuentran y no lo reconocen como una distorsión.</p>
<p>Porque su malestar se encuentra dentro de sí y los acompañará allá donde vayan si no piden la ayuda adecuada para poder salir adelante.</p>
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