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	<title>El Blog de Adalmed &#187; ayuda</title>
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		<title>Los ganadores no se rinden</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Nov 2014 21:33:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Supo que era especial aún siendo una niña. No hacía ni le gustaban las mismas cosas que al resto de chicos del barrio. Mientras todos jugaban al fútbol en la explanada; a ella le fascinaba sentarse al borde de la acera a mirar historias en el cielo. Se quedaba embobada observando las plantas del jardín cuando jugaban al escondite, hasta el punto de olvidar que ella también estaba participando. Muy pronto el resto de niños encontraron una nueva diversión en la que decidieron incluirla. El nuevo juego consistía en correr hacia ella para insultarle y pegarle en cuanto la veían aparecer en la explanada. Intentaba escaparse pero no era demasiado rápida. Así pues el juego siempre acababa de la misma forma: ella llorando y el resto de niños del barrio riéndose y celebrando el objetivo cumplido. No tenían nada en contra de ella. Simplemente les parecía divertido. Que los niños son crueles no es ninguna metáfora, sino una verdad categórica.</p>
<p>Dejó de salir a jugar fuera. Realmente no necesitaba a nadie para hacerlo. Era hija única, estaba más que acostumbrada a jugar sola. En el reino de su casa ella era la princesa y no podían hacerle daño, aunque se sintiera un poco sola. Fue entonces cuando sus padres le contaron que pronto serían uno más. Ella gritó emocionada de felicidad. El deseo más grande, ese en el que pensaba todas las noches antes de dormir, iba a convertirse en realidad. Pasados los meses, una bebé preciosa llegó a la casa. Pero nada fue como ella había imaginado. Su hermana no hacía nada, aparte de llorar y centrar gran parte de la atención que le había pertenecido hasta entonces. Se cayó del trono y su pequeña corona dorada se esfumó. Un ruido sordo se instaló en su pecho. La sensación de querer y odiar al mismo tiempo. La alegría de saber que jamás volvería a estar sola y la desazón de tener que compartir los afectos y las atenciones. La culpa por sentirse así. Deseó con todas sus fuerzas ser mayor. Los mayores no se sentían como ella. En su inocente cabecita creyó que la felicidad plena llegaría cuando fuera adulta y pudiera ser libre para hacer lo que diera la gana.</p>
<p>Creció sintiéndose diferente. Percibía que todo lo que había a su alrededor era señales que le indicaban que no iba por el buen camino, o al menos así lo vivía ella. No era como los demás niños y ella entendió que aquello era malo. Parecía como si todo su mundo le jaleara para ser como todos los demás. Y tanto empeño puso en ello que olvidó ser ella misma. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Ella quería ser normal, una más. Sólo que, a veces, la cabra tiraba hacia el monte y un pequeño ramalazo excéntrico salía para avergonzarla. Delante de su familia, de sus compañeras de clase, de los niños del barrio&#8230; en el momento más inesperado.</p>
<p>La pubertad no fue de gran ayuda para evitar verse como un bicho raro. Sus hormonas se levantaron contra la dictadura del «ser normal». Si había nacido para ser una rara, lo sería. Con todas sus consecuencias. Pero ella se había olvidado de ser ella; por lo que a su rebelde adolescencia no le quedó otra que construir lo que ella creía ser. Y así lo hizo. A la imagen y semejanza del personaje que le devolvía una sonrisa socarrona cuando no se miraba en el espejo. Y todo fue cuesta abajo y sin frenos: llanto, desazón, sentimiento de no valer nada, de ser débil, inutil, incapaz, la sensación de ser un fraude. Y, para rematar bien, la falsa calma, momentánea, enfermiza y efímera que encontró mientras se comía un helado grande que compró con dinero sisado del monedero de su madre. Escapar para luego volver a escuchar el maldito ruido sordo instalado dentro su corazón que le anunciaba la culpa y la vergüenza.</p>
<p>Ella se hizo mayor y la felicidad plena no estaba esperándole en la línea de llegada con un gran ramo de flores. Solo había a su alrededor un enorme vacío frío, oscuro que le hacía temblar. Quiso gritar pero no pudo. Lloró desesperada por poder volver atrás pero ya no era posible. Sólo quedaba una solución que se le asomaba imposible dentro de su cabeza: encontrarse a sí misma, descubrir quien era realmente.</p>
<p>No fue nada fácil. Y no pudo llevarlo a cabo ella sola. Ahí estuvo su familia, sus amigos, compañeros que se arremangaron para ayudarla a pesar de sus primeros recelos, sus negativas y su desconfianza. Estuvieron ahí para darle la mano y poder levantarse en las esperadas caídas. Muchas veces quiso rendirse, tirar la toalla pero nadie permitió que lo hiciera. Los ganadores nunca se rinden, no importan las veces que caigan. Fue así cómo ella, poco a poco, logró volver a confíar en las personas. Eso le llevó a reencontrarse con ella misma, descubrirse y asombrarse con la potente luz que desprendía. El ruido sordo que se había instalado en su corazón calló. Para siempre.</p>
<p>Fue entonces cuando volvió a sentirse tal y como era. Especial.</p>
<p><a href="http://www.deviantart.com/art/Never-give-up-175852738" target="_blank">créditos imagen</a></p>
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		<title>Apóyate en mi hombro</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Jul 2014 19:36:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprender sobre TCA]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Movía la pierna nerviosa mientras esperaba sentada en la sala de espera. Su consulta llevaba más de tres cuartos de hora de retraso, tiempo suficiente para haberse arrepentido unas cuantas veces de estar ahí. Pero la suerte ya estaba echada. No se encontraba bien, no era feliz y su vida era más parecida a la existencia de una ameba que a la de un ser humano adulto. Necesitaba ayuda, eso no lo dudaba nadie. Ni siquiera ella misma.</p>
<p>Sus padres habían accedido a acompañarla. Aunque fuese incapaz de verlo en aquel momento, estaban muy preocupados. En particular su madre sufría mucho por ver que ella no era «normal» desde tiempo atrás. Había sido idea de la madre acudir allí, como casi todo los anteriores intentos fallidos de encontrar una solución para su hija. De hecho, sin decirle nada a nadie, la madre había hecho un pacto consigo misma: No contaría las veces que fracasara en el intento de salvar a su hija, jamás se rendiría. La situación le hacía sentir culpable y responsable. No había sabido educar correctamente a su hija, sino hacerle daño.</p>
<p>Llegó su turno. Pasó a un despacho aséptico donde le esperaban un señor con cara de topillo y una chica joven con el pelo corto y grandes gafas de pasta. Le hicieron preguntas sobre ella, su estado de ánimo, su rutina. Escucharon atentamente cómo de mierda era su vida y lo desgraciada que se sentía. También les contó los episodios de los atracones, muerta de vergüenza por lo que ellos pudieran opinar. Ellos le explicaron qué es lo que le ocurría; y que se podía salir de ello. Le dieron ánimos no muy creibles en aquel momento para ella: «Con esfuerzo por tu parte, podrás estar bien». Le contaron una serie de pautas que tendría que cumplir de manera estricta y que acudiría a una terapia grupal. Salió de la consulta con la extraña sensación de sentirse aliviada pero acorralada a un mismo tiempo. No las tenía todas con ella de que aquello fuese a funcionar pero ya estaba allí y no había manera de volver atrás.</p>
<p>Ella intuía que aquello no iba a ser un camino de rosas. La verdad es que si hubiese sido consciente de lo que se le venía encima, habría salido huyendo. Porque para encontrarse «mejor», debía hacer justo todo lo contrario a lo que le apetecía, lo que pedía el cuerpo. Tenía que cortar las vías de escape a la enfermedad, le había dicho el terapeuta. Es muy fácil decirlo, sí. Hacerlo era otro cantar.</p>
<p>Y ahí estuvieron sus padres, toda su familia, sus amigos para echarle un cable. En los malos momentos y en los peores; porque los buenos tardaron algo más en llegar. Pero llegaron, poco a poco, gracias al esfuerzo y el gran apoyo que recibió de su gente, esa a la que nunca había pedido ayuda. Y alguien estuvo ahí en todos los momentos que los que estuvo a punto de abandonar, en los momentos que metió la pata, en las recaídas siempre tuvo varias manos que consiguieron que se volviese a levantar y continuase. Y cuando quiso mandarlo todo a paseo y abandonar, alguien se lo impidió.</p>
<p>Es tremendamente duro y dificil superar un trastorno de la conducta alimentaria y conseguir el alta. Y si no se cuenta con un apoyo del entorno se convierte en casi imposible. Una amplia mayoría de las personas que obtienen el alta han llegado hasta ella gracias al apoyo incondicional que les han brindado los suyos. Porque cuando se padece un TCA, además que privarte de la libertad, la realidad se distorsiona y las percepciones se reciben sesgadas; se pierde el contacto con la realidad. Porque un trastorno de la conducta alimentaria lleva a automatizar comportamientos nocivos, agresivos y destructivos para uno mismo. Porque la inseguridad y la falta de autoestima que los produce oscurecen el cristal por el que se mira el mundo. Y lo más importante: porque nadie es autosuficiente y los seres humanos necesitamos de los demás para poder afrontar los retos que lanza la vida.</p>
<p>La madre no se rindió. Fue durísimo, pero mereció la pena ayudar a su hija, volver a verla sonreír, tener brillo en los ojos e ilusiones en el corazón. Ella, como muchas otras madres, padres, hermanos, abuelos, novios, maridos,  amigos, compañeros de clase, colegas de trabajo merecerían un monumento por la generosidad y el increible esfuerzo y tesón que ponen en sacar adelante a los pacientes.</p>
<p>Millones de gracias a todos por todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Foto de portada: <a title="Foto" href="https://www.flickr.com/photos/celanth/2377062428/" target="_blank">Fuente</a></p>
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		<title>Tengo una amiga</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Mar 2014 15:02:16 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">«No entiendo qué le pasa a María. De un tiempo a esta parte no quiere salir y parece estar en otro planeta» comenta preocupada Sara «Y luego está esa nueva costumbre de no querer salir de clase en el recreo porque, o hace mucho frío o hace demasiado calor&#8230; no hay manera. Allí se queda con la manzana y el móvil embobada».</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Sara ha visto cómo su mejor amiga, María, se ha convertido poco a poco en una completa desconocida. De ser una chica alegre, juguetona, un poco bromista, su compañera de peripecias; María ahora ya casi no sonríe. Su entrecejo pasa más tiempo fruncido y nunca sabes hacia dónde está mirando. Como si quisiera llegar a ver el límite del infinito. María no lo sabe, pero hace poco escuchó ruidos muy raros mientras estaba en el cuarto de baño. Aunque lo peor no es eso. Cuando Sara pregunta a su amiga si le ocurre algo, sólo obtiene un impreciso «nada». Nada, claro. El que nada, no se ahoga.</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Sara tiene la impresión de que María no se ha dado cuenta del luminoso letrero de neón rojo S.O.S que tiene encima de su cabeza.</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">No fue fácil contárselo a la tutora de clase. Sintió la traición que le hacía a su amiga, aunque fuera por ayudarla. Después de pensarlo varios días, decidió que era la mejor solución. Quería recuperar a su amiga, que volviera a ser la misma de siempre. Sabía que María no se lo tomaría bien. La tutora tranquilizó a Sara y prometió hablar con los padres de María, sin desvelar su conversación con ella.</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Hay ocasiones en que los primeros en poder detectar síntomas de TCA en un paciente son los amigos y sus compañeros de clase. Son las personas que más tiempo comparten con ellos, sin contar a su propia familia; por lo tanto los conocen bastante bien. Esto hace que sea mucho más sencillo darse cuenta de detalles que pueden estar escapando a los ojos de los adultos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Hay amigos que hablan sobre el tema directamente con ellos. Está bien confrontar la realidad con el paciente pero, desgraciadamente, no es suficiente. La principal razón es por la incapacidad de pedir ayuda a los demás que desarrolla un afectado en TCA, es uno de los síntomas más característicos y de los que más daño producen. Mucho más que los relacionados con la conducta alimentaria.</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Por eso, si se tienen sospechas de que algo no anda bien con un amigo, lo mejor es hablar con la familia del paciente; ya sea directamente con ellos o a través de algún intermediario (tutores, orientadores escolares, monitores&#8230;). También funciona en sentido inverso: si se tienen sospechas de vuestros hijos, probad a hablar con sus amigos en privado y contrastar opiniones.</p>
<p style="margin: 0 0 .714285em; padding: 0; border: 0; line-height: 19.999994277954px; color: #000000; font-family: Helvetica, Arial, 'Droid Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; letter-spacing: normal; orphans: auto; text-align: start; text-indent: 0; text-transform: none; white-space: normal; widows: auto; word-spacing: 0;">Los amigos son un apoyo fundamental junto con la familia para superar un TCA. Cuánta más colaboración exista entre estos dos círculos, mejor.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>&nbsp;</p>
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