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	<title>El Blog de Adalmed &#187; autoestima</title>
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		<title>Crecer</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 10:51:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El niño jugaba en el andén de la estación, ajeno al mundo que lo rodeaba. Jugaba con una pelota de colores chillones, botándola más y más alto cada vez. Su padre le advirtió que dejara de jugar, el tren que debían tomar estaba entrando en la estación.<br />
Entonces sucedió algo inesperado. La pelota botó muy arriba, y al caer chocó contra una de las columnas metálicas desviando su trayectoria hacia la vía. Botó de nuevo y la cabecera del cercanías la propulsó hacia delante mientras su pequeño dueño quedaba atónito.</p>
<p>Estalló en un llanto desconsolado. Su madre tuvo que cogerle en brazos para poder subir al tren; él se negaba. Quería recuperar su pelota. La familia se sentó y el tren inició la marcha hacia su destino. El niño seguía llorando acurrucado en el regazo de su madre. Ella le acariciaba el pelo para intentar calmarlo, mientras hablaba con él dulce y comprensiva.</p>
<p><em>- No te preocupes, cariño. Mamá te comprará una pelota antes de llegar a casa de los abuelos. Una igualita a la que tenías.</em></p>
<p>El niño sollozaba.</p>
<p><em>- Yo no quiero otra pelota. Ésa era mi pelota.Cuando pintaba en mi cuarto, la miraba y estaba conmigo. Iba a estar conmigo toda vida…</em></p>
<p>La madre sonrió y tuvo que reprimir la risa que le provocaban las inocentes palabras de su hijo.</p>
<p><em>-Cariño, tu pelota ha decidido ser libre e ir a recorrer el mundo. No podemos detenerla si realmente ése es su deseo. Si de verdad la quieres, deséale la mejor suerte en su aventura y dile adiós.</em></p>
<p>El niño miró compungido a su madre.</p>
<p><em>-Ya. No me queda más remedio</em>- dijo con una vehemencia impropia de su edad &#8211; <em>Adiós pelota.</em></p>
<p>La madre lo abrazó y atrajo su carita hacia su pecho, hacia el consuelo que solo una madre puede dar. El padre acarició la espalda de su retoño, conmovido por la lección que la vida acababa de dar al pequeño.</p>
<p>Un señor famoso que sale en la tele dice que crecer es aprender a despedirse. Razón no le falta. La despedida lleva implícita la aceptación del fin de aquello a lo que decimos adiós: una relación amorosa, una amistad, un trabajo, una etapa vital, un contrincante… Crecer es dejar marchar a lo que ya ha cumplido su cometido. Si lo retenemos, solo sirve para huir del cambio que supone esa despedida. Sin embargo, el cambio no huye del ser humano. Lo arrolla como una apisonadora, si es necesario, nunca se detiene. No atiende a razones, ni a excusas, ni a excepciones.<br />
Cuándo nos despedimos, algo en nuestra mente nos indica que el cambio ha llegado, que nuestra vida ya no será como la hemos conocido hasta ahora. Es justo en esta circunstancia donde se pone a prueba una de las cualidades más fascinantes del ser humano: su resiliencia, es decir, su cualidad de sobreponerse a situaciones adversas o a períodos de dolor emocional. Su capacidad para seguir hacia delante a pesar de las dificultades, las dudas y la incertidumbre que nos da la vida todos los días. Todos los seres humanos poseemos resiliencia, sin excepciones. Desarrollarla nos convierte en mejores personas con más capacidad de adaptación al mundo que nos toca vivir. Porque la diferencia no está en tener o no tener problemas, sino en hasta qué punto limitan nuestra vida y cómo los abordamos para encontrar soluciones.<br />
Un aspecto determinante para que una persona desarrolle un trastorno de la conducta alimentaria es el miedo a crecer y a asumir un rol adulto. Esta negación está íntimamente relacionada con la falta de seguridad en uno mismo, la sensación de incapacidad para ser “mayor” y con la baja autoestima que se se padece con esta enfermedad. El miedo al cambio priva al paciente de experimentar un camino hacia la madurez sano y necesario para disfrutar de una buena calidad de vida. No interioriza ni acepta que hay que dejar ir al pasado y no aferrarse a aquello que fue. No lo hace porque le aterra enfrentarse al presente, tomar decisiones equivocadas que hipotequen su futuro. Aunque, en realidad ya lo está; pero no es consciente de esa falta de libertad y de que es él mismo el que está saboteando lo que está por llegar.<br />
Debemos vivir la vida que para eso nos la dieron, recorrer mundo y vivir nuestra aventura tal y como la pelota. Así pues, despidámonos del niño en el andén y saltemos a lo desconocido.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Final</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jun 2014 19:47:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprender sobre TCA]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ella regresaba a casa desde las antípodas después de su beca Erasmus y, de manera inesperada, aterrizó en Adalmed. No supo bien cómo ni quienes habían urdido esa drástico encerrona hasta mucho tiempo después. En aquel instante solo pudo sentir cómo el infierno había seguido su rastro desde Australia para quedarse con ella. Casi sin poder evitarlo, Adalmed, el tratamiento y sus compañeras de grupo tuvimos que darle a bienvenida a España casi al tiempo que ¡¡Sorpresa!!</p>
<p>¡Pero qué pesados! Todos estaban empeñados en convencerla de que estaba enferma, que debía tratarse, aunque Ella no lo creyera así. Estaba perfectamente sana. Si bien es cierto que no conocía la felicidad plena pero es que nadie es capaz de conseguirla ¿no? Y exageraban cinco pueblos cuando decían que la preocupación que tenía por su imagen física era obsesiva y enfermiza. Ni que fuera una fashion victim. Desde luego, a ella no le pasaba absolutamente nada.</p>
<p>De repente se vio sentada en una silla en medio de aquel círculo de chicas sonrientes y desconocidas. Estaban allí para echarle un cable, o eso fue lo que le dijo el jefe de todo aquello. A simple vista tampoco percibió que padecieran nada de nada. Eso sí, que no contaran con que se relacionara con ellas. No era nada personal pero no había ido allí a hacer amigas. Y así lo hizo saber de manera muy educada. A nadie le habían rechazado tan diplomáticamente hasta ese día. Sesión tras sesión, cumplía estrictamente con su asistencia en Adalmed. Llegaba, se sentaba, se colocaba la coraza con la que aislarse de ese mundo con el que no se sentía para nada identificada y donde, al parecer, pretendían que estuviese durante una temporadita.</p>
<p>Pronto se dio cuenta de que con esa actitud no conseguiría escapar. Sentía como si estuviera cayendo en una vorágine sin salida; ya no podía cumplir sus objetivos y expectativas con el cuerpo y comida debido a las dichosas pautas de la dictadura adalmediana, pero tampoco estaba cumpliendo con los “compromisos” tontos que le permitirían abandonar aquel nido de grillos. Enrocada, en tablas, en tierra de nadie, pensó en cuál debía ser su objetivo: salir de allí cuanto antes. Y si para conseguirlo tenía que seguir la corriente a aquella panda de raros, estaba dispuesta a asumirlo. Por esta razón decidió cumplir con todo lo que se suponía que debía hacer.</p>
<p>Hoy, contado así suena como que fue coser y cantar. Nada más lejos de la realidad. Para poder salir de Adalmed debía cumplir a rajatabla con todo lo que ella pensaba que eran estupideces sin sentido, aunque sólo fuese para que se callaran. Los inicios fueron muy duros pero estaba convencida que permanecería en Adalmed el tiempo estrictamente necesario.»Cuánto antes lo haga, antes me iré» se repetía como un mantra. Y puede que esa convicción le sirviera para no flaquear, ser constante y hacer justo lo que menos le apetecía: nadar a contracorriente</p>
<p>Los días fueron pasando. Y las chicas con las que se sentaba en círculo todos los martes y jueves empezaron a tener nombres propios, problemas que les costaba resolver, preocupaciones; y sueños que les parecían inalcanzables. Y en ocasiones se pilló a sí misma pensando «Anda, si eso también me pasa a mí» o «Yo eso también lo he pensado alguna vez». Algunas de ellas lo contaban con si todo su mundo dependiera de aquello, otras le quitaban toda la importancia que pudiera tener hasta convertirlo en una frivolidad. Se vio reflejada en varios espejos, desde distintos ángulos que le indujeron a acercarse a mirarlos más detenidamente.</p>
<p>Esto hizo que fuese derribando las murallas que había construido para proteger su «delicada» autoestima. Ese derrumbe le ayudó a afrontar el fin de su periodo universitario, mejorar su ambiente familiar. Afrontó la llegada de su etapa adulta, buscando el trabajo para el que decía «no tener ninguna vocación». Ella había ido a la universidad, sí, para ser dependienta en Zara. Aprendió cómo mejorar la relación con sus amigos y a ser capaz de encontrar otros nuevos. Por supuesto, también le vino de perlas cuando apostó por conocer y tener una relación de pareja con Miguel, con el que se ha casado y están construyendo un proyecto de vida juntos.</p>
<p>La verdadera Ella floreció de entre las ruinas de sus murallas. Las que la vimos por primera vez, aún recordamos una expresión en su rostro impasible, sin ningún atisbo de sentimiento, por encima del bien y del mal. Como también nos ha sido imposible olvidar su cabeza baja, los brazos cruzados y una pierna meneándose de un lado a otro dentro de aquellos pantalones bombachos. Y es maravilloso poder decir ahora que adoramos su sonrisa porque nos transmite alegría, mucha felicidad y entusiasmo con su vida. Y es que en el momento en el que se abrió, ayudó y se dejó ayudar, su visión de las cosas cambió por completo.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Este texto forma parte del testimonio que dos pacientes le dedicaron a una de sus compañeras cuando se fue con el alta grupal en sus manos. Un TCA se cura. Porque sí, se puede.</em></p>
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		<title>La huída</title>
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		<pubDate>Sat, 31 May 2014 19:55:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Aprender sobre TCA]]></category>
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		<category><![CDATA[trastornos de la conducta alimentaria]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Anunció que se marchaba. Había decidido que en Italia le estaba esperando un futuro muchísimo mejor. En apenas una semana. Se lo anunció a sus padres justo después de comprar un vuelo de ida a Florencia. Su vida aquí había dejado de tener sentido, no había nada que le motivara a quedarse. Sin trabajo, sin Miguel y con la apatía que le oprimía no quería seguir.  Sí, irse a Florencia era la solución a todos sus problemas. Allí conseguiría ser feliz. De verdad.</p>
<p>No escuchó las súplicas de su madre; tampoco las rugientes amenazas de su padre gritándole lo inconsciente e inmadura que estaba siendo. Inmadura ella&#8230; ¡Ja! Se había hartado de ser lo que los demás querían que fuese. Ya era hora de volver a coger las riendas. Florencia era el bálsamo que necesitaba, sin duda. Conocería a un montón de gente. Y allí no tendría problemas para encontrar un trabajo hablando italiano tal y como ella lo hacía. Empezaría de nuevo, dejando atrás los fantasmas aquí. Todo sería diferente.</p>
<p>Ojalá así hubiese sido. La triste verdad es que se marchó a Florencia. Y, muy a su pesar, el rumbo de sus planes se torció. Es cierto que rápidamente encontró trabajo como recepcionista en una pequeña escuela de pintura y una habitación en un piso compartido con dos chicas inglesas. Sin embargo, la apatía que le oprimía el pecho seguía allí. Intentaba congeniar con sus compañeras pero eran demasiado raras y calladas. En la escuela tampoco hubo mejor suerte. Su existencia florentina consistía en un ir y venir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Deambulaba sola por la ciudad en sus días libres. En un primer momento hizo un pequeño esfuerzo por conocer gente, que se esfumó ante la primera dificultad.</p>
<p>Fue entonces cuando sus viejos fantasmas regresaron; aunque, en realidad, nunca habían dejado de acompañarla.</p>
<p>Huir es un mecanismo de defensa que activa el miedo en todos los seres humanos. Nos aleja de lo considerado peligroso. Sin embargo, una huída puede resultar una vía de escape para no afrontar situaciones que no se saben resolver o que cuesta afrontarlas. Este comportamiento suele ser común para las personas que padecen un trastorno de la conducta alimentaria. La baja autoestima, la inseguridad, la minusvaloración hace empequeñecer la percepción de uno mismo y de su capacidad, distorsionándola. Y ante la desagradable sensación que produce la distorsión, sobre todo en momentos donde la exposición de la persona es importante o surge una complicación, se activa el mecanismo de la huída o el de la evitación.</p>
<p>Casi todos los pacientes de trastorno de la conducta alimentaria se han planteado alguna vez dejarlo absolutamente todo y marcharse para empezar desde cero en otro lugar donde nadie pueda saber de su pasado. La fantasía termina de construirse en su mente con un espejismo: todo será diferente en el lugar de destino. Allí serán capaces de dejar atrás sus síntomas. Acaban por relacionar su mal con el lugar donde se encuentran y no lo reconocen como una distorsión.</p>
<p>Porque su malestar se encuentra dentro de sí y los acompañará allá donde vayan si no piden la ayuda adecuada para poder salir adelante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Photoshop, distorsión y realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2014 14:02:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Blogadalmed]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias y TCA]]></category>
		<category><![CDATA[actualidad]]></category>
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		<category><![CDATA[distorsión]]></category>
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		<category><![CDATA[TCA]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>La fotografía ha evolucionado muchísimo, especialmente desde que dio el salto a lo digital y las imágenes se pueden tratar desde el ordenador ¿Quién no ha escuchado alguna vez «no te preocupes, el photoshop hace milagros»? Seguramente muchas personas han bromeado con el fotógrafo después de sacar una toma «pero tú luego hazme el photoshop ese para salir bien».<br />
Hoy vamos a romper un mito posmoderno: Photoshop no hace milagros. Más quisieran los dueños de Adobe, propietarios del software de edición de imágenes y alguno que otro más. Photoshop es como un mago ilusionista: tiene trucos espectaculares que al no versado en la materia le parecen magia. Sin embargo, aquí no reside el problema sino que se encuentra en el uso perverso para el que se usan esas ilusiones construidas, acabando la gran mayoría en distorsiones colectivas de la percepción de la realidad.<br />
Retocar una foto no tiene por qué ser malo o perverso en sí mismo. Presentar un artificio como la realidad sí lo es. Que se lo cuenten a <a href="http://http://www.trendenciasbelleza.com/noticias/dos-anuncios-de-lancome-y-maybelline-son-retirados-en-reino-unido" target="_blank">Lancome o a Maybelline</a>, por poner un ejemplo, que vieron como en Reino Unido retiraban anuncios de sus campañas de productos de belleza, acusándolos de exceso de Photoshop y publicidad engañosa. Es cierto que la publicidad siempre ha tenido como principal objetivo hacer una presentación excelente de los productos, después de todo, su objetivo es impulsar ventas. Este motivo hace que las empresas se gasten presupuestos indecentes en publicidad, aunque la crisis los haya mermado considerablemente.</p>
<div style="width: 460px" class="wp-caption aligncenter"><img src="http://pu.i.wp.pl/k,MTAxMjQyMjgsNjEyODU4,f,DavidCameron_comparison.jpg" alt="" width="450" height="324" /><p class="wp-caption-text">El antes y el después del primer ministro británico David Cameron</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seamos honestos. No sólo las empresas sienten la necesidad de recurrir al Photoshop. También lo hacen personajes de interés público: actrices, modelos, cantantes… incluso los políticos. La gran mayoría de los candidatos a las elecciones pasan por el retoque antes de sacar a la luz la imagen de campaña. Hace poco menos de un mes hubo dos polémicas en la red sobre este tema. Por un lado, la filtración de<a href="http://www.antena3.com/celebrities/famosos-moda/salen-luz-imagenes-lady-gaga-photoshop-versace_2014041700179.html" target="_blank"> unas fotos para Versace que mostraban a Lady Gaga con la cara lavadita</a>; y por otro, la otra filtración de <a href="http://www.publico.es/515984/bajo-la-piel-de-scarlett-johansson" target="_blank">varios fotogramas del rodaje de la última película de Scarlett Johansson</a> donde se veía un desnudo integral de la actriz sin ningún tipo de retoque digital. En ambos casos se evidenciaba como podía cambiar la imagen de las dos mujeres sin Photoshop. ¡Hasta <a href="http://blogs.smoda.elpais.com/imperdibles/2014/04/photoshop-al-principe-jorge/" target="_blank">el bebé de los príncipes de Gales </a>ha pasado por el filtro! Paralelamente, la cantante adolescente Lorde, de origen australiano, se ha mostrado muy <a href="http://blogs.smoda.elpais.com/imperdibles/2014/04/lorde-no-quiere-que-le-hagana-photoshop/" target="_blank">combatiente contra el uso del retoque digital en sus imágenes</a>, denunciando a la edición canadiense de Elle por una portada retocada protagonizada por ella y exhibiendo en su cuenta de Twitter fotos de sus conciertos retocadas comparándolas con otras no retocadas. Parece ser que podemos tener esperanza en las generaciones que vienen por detrás.<br />
Photoshop no hace milagros, decíamos. Photoshop distorsiona la realidad, convirtiendo un canon imposible de belleza en un objetivo plausible; aumentando la presión social en la población para conseguir una meta tramposa, para escoger un camino que lleve a la insatisfacción constante. Y si esto no es perverso, el infierno es de hielo.</p>
<div style="width: 490px" class="wp-caption alignnone"><img src="http://us.cdn281.fansshare.com/photos/photoshop/before-after-before-and-after-370641849.jpg" alt="" width="480" height="278" /><p class="wp-caption-text">Proceso inverso: envejecer a través de Photoshop</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2011 un matrimonio estadounidense, Seth y Eva Matlins estaban un poco hartos del universo de estereotipos distorsionados que les llegaban a través de los medios de comunicación. No querían por nada del mundo que sus hijos creciesen bajo la tiranía de éstos. Pensaron que hacer felices a las personas debía ser su misión en la vida. Y así nació la iniciativa que impulso la “Selfsteem Act” (Ley de autoestima) que pretende regular en los Estados Unidos el uso del Photoshop en prensa y en publicidad para evitar difundir un “ideal de belleza que nada tiene que ver con la realidad”. Y no se conformaron con esto. Fundaron la revista <a href="http://www.feelmorebetter.com/" target="_blank">“Off our chests”</a>, desde donde propagan su mensaje al mundo. Pero no son los únicos. Tras una <a href="http://smoda.elpais.com/articulos/la-ley-vigilara-su-photoshop-enganoso/4746" target="_blank">escandalosa campaña publicitaria de bikinis de la empresa Target</a>, se ha impulsado el proyecto de ley Truth in Advertising Act gracias a tres integrantes de la Cámara de Representantes que han contado con el apoyo de las organizaciones <a href="http://www.bravegirlswant.com/">Brave Girls Alliance</a> y <a href="http://www.eatingdisorderscoalition.org/">Eating Disorders Coallition.</a><br />
No sabemos en qué acabará esta batalla. El principal argumento de la parte contraria es que el uso del retoque digital está totalmente extendido y que no se le puede poner puertas al campo. A pesar de todo, es una buena iniciativa y una muy buena noticia su existencia. Ojalá se extendieran de manera global.</p>
<p>Porque la belleza real no está reñida con vender cremas o bikinis.</p>
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